Biografía

 

 

El pintor Miguel Vaquer Calumarte, era hijo de Miguel Vaquer Grimalt y de Josefa Calumarte Cuesta, que le dio a luz en la calle Mayor o Santo Domingo de Ondara el 1 de Febrero de 1910. Su padre era vecino de Castells y su madre, al igual que su hijo, también había nacido en Ondara.

Desde muy temprana edad le llamó lo relacionado con las artes plásticas y siendo todavía muy niño, con tan solo cinco años, ya se entretenía haciendo sorprendentes dibujos de una habilidad poco habitual para su corta edad. Esta afición de Miguel no paso en absoluto desapercibida para los vecinos de Ondara y pronto corrió la voz por los pueblos cercanos a su localidad, ganándose una admirable fama como dibujante. Fue así, precisamente, como llego a oídos de un profesor de Bellas Artes en Denia, quien quedo maravillado al ver los dibujos que ya conocía todo el pueblo. Deslumbrado por el pequeño Miguel, fue este profesor quien hablo al ilustre pintor y maestro José Benlliure Gil sobre las habilidades de este niño.

Como autodidacta, ya era capaz de hacer retratos en óleo y al natural, como el que realizo de su abuelo paterno. Cuando cumplió doce años ingreso en la Real Academia de San Carlos de Valencia, gracias a la influencia y al interés que se despertó en José Benlliure por este niño, ya que por normas de dicha escuela, no se permitía el acceso a menores de catorce años. Entre sus maestros contó con algunos pintores más brillantes del momento como fueron don Ricardo Verde Salvat, don Vicente mulet y el mismo don José Benlliure Gil.

A partir de 1923, cuando Miguel Vaquer tenia trece años, comenzó a ganar importantes premios relacionados con el mundo del arte. El primero de ellos le brindo la posibilidad de viajar a Granada. Allí, realizo un estupendo cuadro de la Alhambra, que la critica de la época elogio enormemente apuntando que la obra podría perfectamente haber sido firmada por un pintor consagrado.

A los quince años consigue otro premio con el que viaja a Jativa y se hospeda en el ya desaparecido Hotel Españoleto, donde aprovecho para pintar numerosas obras. A esa edad ya es considerado en la real academia de Bellas Artes de San Carlos el discípulo artísticamente más dotado.

Una de las ventajas con las que contó Miguel Vaquer durante su infancia y juventud fue el apoyo y la protección que le ofreció su tío político Don francisco García Ciscar, hombre adinerado que al no tener hijos se volcó con el prometedor artista, llegando a costearle los estudios de Bellas Artes.

En 1927 y con tan solo diecisiete años de edad, acabo los estudios de pintura con matriculas de honor y realiza su primera exposición a la venta ese mismo año. El gran pintor vasco Don Ignacio Zuluaga que acudió al evento, quedo impresionado y felicito a Miguel profetizándole un gran porvenir.

Es a partir de ese momento cuando Miguel Vaquer comienza a sentir la necesidad de partir hacia Europa. Su atracción por Paris como cuna de grandes artistas y pintores, despierta en nuestro joven pintor la curiosidad y las ganas de continuar su carrera en el lugar en donde la pintura es considerada además de un arte, un modo de vida.

Así a los veinte años marcho a Paris donde permaneció durante cinco años formando y desarrollando sus facultades artísticas. Durante su estancia en Paris Miguel Vaquer realizo numerosos viajes y desplazamientos a España y países vecinos como Bélgica, Austria y Holanda, done las criticas del momento lo calificaron como el Mozart de la pintura.

Pronto conoció a las grandes personalidades de la cultura parisina, a los aristócratas y a los magnates del momento, y por supuesto no dudó en aprovechar la ocasión de plasmar con su paleta y sus pinceles a tan ilustres personalidades. Así, a los dos años de su estancia en Paris retrato al gran poeta y escritor francés Paul Valeri, con quien estableció una sincera amistad.

La admiración y los elogios del propio Paul Valeri hacia Miguel Vaquer no tardaron en hacerse públicos. En un articulo del poeta escrito en el prestigioso periódico parisino “Le Figaro”comenta sobre Miguel:  “La pintura de este español en el “Neo Páranse”, denota una gran personalidad, que es la base de todo arte, y le auguro triunfos venideros”

Retratos de personajes como el príncipe ruso Wigdibanig y su compañera, la cantante estadounidense Josephine Baker, el propietario de la marca de coches Citröen y la mismísima Srta. Coco Chanel, forman parte de la obra desarrollada por Miguel Vaquer durante su estancia en Paris. Esta ultima, incluso quiso contratarle como dibujante y diseñador a tenor de los dibujos y obras que vio del artista, proposición que Miguel agradeció pero que igualmente rechazo ya que prefería seguir desarrollando sus dotes de pintor y curtir así su propia vocación, motivo por el cual se había traslado a París.

En 1935, contrajo matrimonio en España con Teresa Cirujeda, con la que a lo largo de su vida tuvieron diez hijos juntos.

Los años dulces acabaron con el estallido de la guerra Civil española, época en la que Miguel regreso a su país natal junto a su familia.

Al igual que otros grandes pintores y artistas a lo largo de la historia, la influencia de los horrores y las miserias que conlleva una guerra, dejaron huella en la obra de Miguel Vaquer durante los años del conflicto bélico. Un claro ejemplo de ésta influencia lo constituye el cuadro “Mientras los hombres se matan”, obra que pertenece al ayuntamiento de Ondara y en el que puede apreciarse la sensibilidad del pintor plasmada sobre el lienzo.

Es en el convento de está localidad que le vio nacer, donde se encuentra también el cuadro de le Virgen de los Desamparados. Obra que refleja a la perfección el dominio del pintor sobre cualquier tema artístico.

         Miquel Vaquer  no era un pintor centrado exclusivamente en alguna de las muchas categorías pictóricas. Mas bien lo contrario, ya que domina a la perfección prácticamente todos los temas. Su afán por desarrollar su repertorio artístico le llevaron a perfeccionar desde el retrato al bodegón, desde el paisaje hasta la flor pasando por temas de playa como hizo el ilustre maestro don Joaquin Sorolla, murales de iglesia, naturaleza muerta, motivos y escenas religiosas…Un repertorio de cuadros de las más variadas temáticas constituyen la totalidad de la obra de este magnifico pintor que desde un principio se preocupó  por curtir su destreza en casi todas las categorías pictóricas que se desarrollaron en su época, y que por supuesto, logró dominar.

        También en España Miquel retrató a grandes personalidades del espectáculo. Así podemos destacar entre sus cuadros, los retratos de los artistas folclóricos Miguel de Molina (antes de su exilio), Concha Piquer y el gran bailarín de flamenco Antonio. Su pincel también reflejó a los diestros Domingo Ortega, Vicente Barrera, Luís Miguel Dominguín, Jaime Ostos, Pedrés y Aparicio Armiñada.

Entre sus lienzos podemos encontrar también reflejadas a personalidades relevantes tan variadas como don Gregorio Marañon , quien  además adquirió numerosas obras del pintor, al cirujano don Vicente Pallarés, al ginecólogo Portaceli, don Rafael Ridaura, los Casanova, don Miguel Fargas de Juni y familia, quien además le contrató para pintar paisajes y temas de mar en Javea. Por mediación de éste último, Miguel Vaquer  llegó a conocer y a retratar a la familia Godó de Cataluña, quienes adquirieron varios de sus lienzos con temas de mar, maravillados por la destreza  del pintor en complejo tema.

        Fueron muchas y muy ilustres personalidades a quien el pintor retrató, y algunas de ellas mostraron gran interés en la adquisición de algunas de sus obras: cabría destacar así al Conde de Montornés , poseedor de una admirable pinacoteca del pintor.

        También los Marqueses de Urquijo, el banquero Joaquiín Maldonado y el propio Marques del Turia quedaron retratados para la inmortalidad, por el pintor Miguel Vaquer, quien como vemos, alternó todo tipo de retratos, desde anónimos personajes de su propia familia hasta ilustres personalidades de la aristocracia y la sociedad.

        Alternando sus estancias en España con otros países europeos ya mencionados, es en el 1958 cuando Miguel Vaquer alcanza el reconocimiento internacional con la Medalla de Oro en el  GRAN PRIX INTERNACIONAL en el Salón des Tuileries en Paris.

A partir de ese momento, la critica nacional e internacional se esfuerza en proclamar al pintor de Ondara como uno de los más ilustres y mejores artistas en los años de siglo transcurridos. Críticos como el frances Camilla Mocler y el español Camon Aznar  lo destacaron como”…uno de los más polivalentes y completos de siglo XX”.

Cecilio Barberá consideró a Miguel Vaquer el, mejor pintor de flores desde los siglos XVII al XX. De su habilidad y destreza en el tema dijo”…tan solo por el modo de pintar flores, este pintor merece pasar a la posteridad”.

        “…Artísticamente la exposición tiene un valor notable Miguel Vaquer  es pintor dotado con esplendidez para el cultivo de su oficio y no solo en lo estrictamente práctico sono en su arte completo, en especial cuando, como en los cuadros expuestos, su sensibilidad excitada por las bellezas intrínsecas y trascendentes de la flor, se lanza en busca de lo más expresivo, elocuente y simpático de ella, y plasma con gusto admirable y aguda percepción artística el alma misma de un ramo en su propio ambiente aéreo con delicada valoración cromática.”

                                                           Félipe Mª Garín  Ortíz de Taranco
                                                                     Director de la escuela Superior
                                                                          de Bellas Artes de Valencia
                                                                                              
                                                                                                Valencia 1946

        Retrató a todos los presidentes del Ateneo Mercantil de Valencia. Al actual en ese momento y a todos los anteriores que ya habían fallecido, a partir de fotografías en blanco y negro con una calidad asombrosa.

        Durante la década de los años 60 y 70 , el repertorio temático de Miguel Vaquer  experimenta un acercamiento a la pintura mural y sobre todo a la religiosa. Esta nueva tendencia pictórica en el artista nacido en Ondara, quedó reflejada con magníficos  y espectaculares murales en varias localidades y provincias de nuestra geografía, como por ejemplo los dos murales de la Catedral de Albacete “Alegoría del héroe muerto en acto de servicio” de once metros de alto cada uno.

       Tuvo tal éxito que pronto en Valencia le encargaron las pinturas de del Altar Mayor de la iglesia El Buen Pastor, en la calle Erudito Orellana y posteriormente en la iglesia de San Francisco de Borja, en la calle Cuba.

        Años más tarde, Miguel Vaquer sufrió uno de los peores episodios de su vida al contraer cataratas, una enfermedad que, aunque relativamente no era de trascendencia grave, si que era traumática para la vida del pintor.

        Fue operado en la clínica oftalmológica Buigues en Denia por el doctor don Antonio Buigues, quien además posee una importante colección de obras del pintor.

        Poco a poco, con el transcurso del tiempo Miguel  fue recuperando la confianza perdida durante el transcurso de su enfermedad y aún hasta el año de su muerte, numerosas obras gracias a la experiencia y maestría que proporciona ese “don” que muy pocos tienen y que él poseía y desarrolló, Miguel Vaquer  podía pintar hasta con los ojos vendados.

        El 6 de abril de 1988, a la edad de setenta  y ocho años, Miguel Vaquer muere en Valencia  dejando para la historia del arte todo un legado de buen hacer y un ejemplo de maestría y disciplina en el mundo de la pintura.

        Con su muerte, desaparece también una gran persona, un magnífico artista donde los haya y por encima de todo, un pintor alicantino que dedicó todos los años de su vida a sacarle el máximo partido a ese “don” que recibió al nacer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1910 Foto familiar con sus hermanos Fernando y Mónica
1916 postal pintada y escrita a su padre a la edad de seis años